Exposición

HISTORIAS DE HILO

HISTORIAS DE HILO

Justo Pastor Mellado
Denise Blanchard,Maite Izquierdo, Andrea Fischer, Cecilia Juillerat,Fernanda Gutiérrez.

Inauguración Miercoles 9 de enero 2018  / 20:00 Hrs

Mac Valdivia, Los Laureles Isla teja S/n 

HISTORIAS

 


La exposición lleva por título HISTORIAS DE HILO y reúne a cinco artistas –Denise Blanchard, Andrea Fischer, Cecilia Juillerat, Fernanda Gutiérrez y Maite Izquierdo– que se han caracterizado por colocar su trabajo en la escena del arte chileno, practicando sus diagramas de obra sobre diversos soportes, que van desde la gráfica hasta las instalaciones, pasando por las esculturas textiles. 


Dicho así, no es posible hacerse una idea de lo que esto significa, tanto en el terreno simbólico como en el terreno artístico; todo esto teniendo que ver con operaciones que están inscritas en la historia de Occidente: el mito de Filómela y el relato de Penélope. Sin embargo, debemos agregar dos historias más, que actúan como verdaderos modelos de trabajo. Me refiero al mito de Procusto y al relato de la invención de la pintura. Todas éstas son historias griegas que relatan historias de violencia, de reencuentros filiales y de metamorfosis. 


Filómela es la mujer violentada en que el victimario, para impedir ser delatado, corta su lengua. Ella borda en una tela el relato del ultraje. Literalmente, al pie de la letra. Pe- nélope es la que ya se sabe, deshace lo que teje durante el día para mantener a distancia a los pretendientes. Pero lo que no se piensa a menudo es que Telémaco insiste en que ella resista para defender su patrimonio. Sale a la búsqueda del padre para que este regrese; de lo contrario, lo perderá todo. 
Procusto ofrecía hospitalidad al viajero solitario y lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras éste dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si el cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobre- salían. Si, por el contrario, era de menor longitud, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo. Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía una cama de longitud ajustable. 


En la escena artística, estas historias toman cuerpo a través de la materialidad de los hilos. Es el caso, cuando se toma el hilo de bordar y se lo hace sustituir los trazos gráficos que se puede obtener mediante el empleo de un lápiz o de un pincel. También, en cómo el tejido de una tela ya se constituye como un objeto en sí mismo, que no representa más que la historia técnica de su factura. O bien, en el modo como se amarra un bulto, que posee una determinada densidad, que lo hace asemejarse a un cuerpo desfallecido, envuelto en su mortaja. 


Incluso, se debe poner atención en el efecto que ha tenido en el arte, la sabiduría sobre la que se sostiene el oficio de la sastrería. Tomar las medidas de un cuerpo y trasladar a una tela plana, de acuerdo a un patrón que define la configuración de una prenda es uno de los actos más significativos de la cultura. El vestuario fascina por eso a los artistas, porque 4 las labores de corte y confección se asemejan al funcionamiento del arte mismo, como una actividad reparatoria. De modo que las obras, a partir de este modelo de referencia inicial, van a adquirir diversas formas de expresión, para ocupar dignamente el espacio que les ha sido asignado.

 

FILÓMELA
 

Las artistas amarran, bordan, cosen, tejen, pasan la máquina, según el deseo expresivo exi- gido por el diagrama. Todas convierten cada una de estas prácticas en momentos técnicos significativos, que por momentos asumen posiciones hegemónicas. Maite Izquierdo cuel- ga decididamente envolturas amarradas, como si fueran cuartos de reses en el matadero, mientras Denise Blanchard cubre una cama con un cobertor de papel. Andrea Fischer y Cecilia Juillerat reproducen la pulsión ya inscrita en el relato de Plinio el Viejo, sobre la invención de la pintura. En verdad, sus trabajos introducen a las vicisitudes del manejo de las sombras. Mientra Fernanda Gutiérrez teje un cordón de lana interminable, destinado a señalar el temor de la desvinculación. Pero sin duda, todo esto calza con alguna historia griega de nuestra conveniencia. Lo que hace que todas estas referencias sean absolutamen- te universales y reproduzcan indicios traumáticos y reparadores, que definen una posición en la cultura. Lo básico es que todas las artistas cosen, sabiendo desde la partida que unir un hilo enhebrado en una aguja conduce a hacer puntos de sutura en una herida. Y de este modo, dibujan sobre la tela el relato de una violencia de origen. Dibujan, recortan, bordan, unen fragmentos de tela, organizan un relato hecho de retazos para recomponer historias que enfrentan la memoria de un corte. Esto no solo quiere decir que se ajustan al relato de la tragedia de Filómela, sino que exhiben las pruebas de la “filomelización” de la cultura, implicando un corte en la propia Lengua entendida como la casa. Recomponen, entonces, la noción de casa, porque aseguran la continuidad del hogar.
 

No todo el mundo conoce esta historia. El primero que me habló de ella fue Jean Lancri, a fines de los ochenta, a propósito de los relatos de trapo. Pero el primer relato realizado en las proporciones de un gran mural que ahora está en la colección del MSSA, es el que Gracia Barrios había hecho para el edificio de la UNCTAD y que estuvo perdido durante años, hasta que fue recuperado en un remate. Es decir, había de qué hablar de eso. Era una obra con retazos, con fragmentos, muy plana, en la que Gracias Barrios había trasladado a la pintura un modelo de compostura serigráfica, en total consonancia con una serie de pinturas que realizó en los años setenta y que tituló “Multitudes”.
 

La historia, digamos, es una “historia primitiva” y evoluciona en la literatura griega hasta encontrar su primera versión en la tragedia perdida de Sófocles titulada “Tereo”. Veamos: Progne, casada con el rey tracio Téreo, se siente sola en país extraño y ansia la presencia de su hermana, Filómela. Tereo, para complacer a su esposa parte a Atenas a buscarla, pero en el camino se enamora de su cuñada, a la que viola, y para impedir ser delatado le corta la lengua y luego la encierra para hacerla su concubina. Luego, le hace creer a su ​esposa que su hermana ha muerto durante el viaje. Sin embargo, la desgracia ha vuelto industriosa a Filómela, que discurre una estratagema para avisar a su hermana. Ese dato es muy importante porque instala la desgracia como fuente de la habilidad ma- nual reparatoria. Por esa vía estamos muy cerca del rol que se puede atribuir a las artes en la vida social. De modo que Filómela borda su historia en un tro- zo de tela, que entrega a una sirvienta para que se lo lleve a la reina, y descubre ésta de este modo lo que realmente ha ocurrido. Algunas versiones señalan que lo que borda no son imágenes, sino el relato de la historia. Lo que hace se convierte en un segundo dato que para entender esta exposición es significa- tivo: borda la letra.
 

Las hermanas fraguan una venganza terrible, dando muerte a Itis, hijo de Progne y Tereo, cuya carne le sirven al padre durante un banquete. Tereo inten- ta matar a las hermanas, pero aquí tiene lugar una severa metamorfosis gracias a la misericordia de los dioses: Filómela es convertida en ruiseñor, Progne en golondrina y Tereo en gavilán.

 

PENÉLOPE
 

En esta exposición, el trabajo de Fernanda Gutié- rrez monta la escena de cómo se construye la pér- dida del tiempo, en el trabajo de recuperar la hebra del relato. Hacer un ovillo. Lo que se llama, seguir el hilo. Pasar de la madeja al ovillo. Tejer durante el día, para en la noche desenrollar lo alcanzado. El deseo diurno ordena el universo, mientras que la retirada nocturna fija los puntos críticos de la memoria. Ulises ha regresado. No nos engañemos. Penélope ha esperado, es verdad, pero domestican- do una espera que la hizo crecer. Así descubriría que no era a su esposo a quien esperaba, sino a sí misma. Pero lo que pone en evidencia es la con- dición de la espera en todas las culturas. Cuando una artista produce el traslado de la madeja al ovi- llo está modulando un bulto que resume el peso de una vida entera acumulada, cuya continuidad debe ser asegurada mediante este gesto intermina- ble. Pero lo que hace Penélope es reproducir las condiciones de la palabra. Teje durante el día, deshace el tejido durante la noche para volver a hacer un ovillo y poder recomenzar. Justamente, este es el momento en que la historia griega nos remite a una historia dogon.
 

Debemos saber que la palabra tejido en lengua dogon quiere decir “es la palabra”. Es decir, el tejedor dogon es aquel “que hace la palabra” cruzando el hilo de la cadena con el hilo de la trama. La idea es que el hombre se viste con su propia palabra. Sin embargo, regresando a la historia griega, los pretendientes amenazan el patrimonio de Telémaco. ¿Es por amor a su padre que sale a buscarlo por los mares, para anticipar su regreso? ¿O es porque si el padre no aparece, no tendrá patrimonio? ¿No tendrá una filiación a la que responder? ¿Cuál es el problema? Penélope defiende la posibilidad de que su hijo pueda heredar. Teje, entonces, la proyección de una historia familiar. Todo lo contrario ocurre con Tereo, que corta la lengua de Filómela, para que no haya relato. Y sin embargo, el bordado pasa a ser una metáfora de la sutura que pone en evidencia la dimensión de la herida fundamental, cuya existencia solo es habilitada como una historia de hilo.

 

BOCA
 

En un poema, Francis Ponge menciona el hilo de la araña que surge de entre-dos patas, mimando el hilo de la escritura que se inscribe sobre la página de papel, cuando la pluma de escribir se abre en dos y deja caer la tinta que (hace) figura (de) la letra. Pero esta idea ya está en un relato de Isidoro de Sevilla. Lo que ahora es preciso reconsiderar es la condición de la boca como primer telar (original). Regreso a la historia de los dogon, que serán de una gran utilidad para entender por qué estas artistas comparten una misma episteme. A través del tejido, la divinidad comunicó a los hombres la palabra, sirviéndose de la boca como primer telar. Como la araña, escupe ochenta hilos de algodón que separa en dos partes iguales entre sus dientes superiores (hilos pares) y sus dientes inferiores (hilos impa- res), que son evocaciones al peine del tejedor. Abriendo y cerrando la mandíbula el genio divino recreaba el movimiento de vaivén vertical de los carriles que suben y bajan para permitir el paso de los hilos de la trama contenidos alternativamente entre los hilos pares e impares de la cadena. Es con la punta de su lengua separada que el genio empujaba de ma- nera alternada hacia la izquierda y hacia la derecha del hilo de la trama. La cinta de tejido se formaba fuera de su boca en el soplo de la palabra revelada. Por eso entre los dogon el tejido se llama todavía “es la palabra”1. Esto es el fondo mismo de la revelación del tejido y es encerrada en el ruido característico que hace la polea del telar y del movimiento de la lanzadera. El nombre de la polea significa “murmullo de la palabra”. El tejedor dogon canta mientras lanza la lanzadera; su voz entra en la cadena con la voz de sus ancestros recreando la palabra, asimilando todas las actividades creadoras del hombre.

Entonces, convengamos en que el tejido (lo textil) es una de las grandes invenciones humanas, porque abre el camino de la abstracción. En este sentido, habrá que leer con atención lo que se ha escrito sobre Anni Albers y su pasión por los tejidos andinos. Me quedo con la idea, en este momento, del ejemplo de los pájaros tejiendo sus nidos ejer- ciendo la cestería de una especie de “antes de la historia”. Sin embargo, el tejido es desde ya un trabajo de sujeción simbólica puesto al servicio de nuestras ensoñaciones filiales. María carda la lana cuando se le aparece el arcángel Gabriel. No dejaremos de remitirnos a las Parcas que poseen lanzaderas temibles que se identifican con el hilo del tiempo que conduce hacia lo desconocido, a la muerte. Por eso, en algunas sociedades indo-europeas antiguas, la malla tejida será usada sobre todo por los magos malignos que siempre estarán dispuestos a arrojarla sobre quienes conducirán a su perdición. Sin embargo, en nuestra historia de hilo el tejido proteje y es concebido desde un comienzo como aquello que esconde algo. Por eso, lo que hace es poner distancia con nuestro origen y opera como un gran habilitador del estado de cultura. Cuando Adan y Eva son expulsados del paraíso, cubrieron sus desnudeces, como si la primera función de lo que sería el vestuario fuera la de ocultar la primera falta.

Justo Pastor Mellado
Fragmento

Credits

Justo Pastor Mellado, Denise Blanchard,Maite Izquierdo, Andrea Fischer, Cecilia Juillerat,Fernanda Gutiérrez

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