Entrevista

Entrevista a la Artista Camila Paz Valenzuela von Appen

ENTREVISTA A LA ARTISTA CAMILA VALENZUELA VON APPEN

 

Introducción:

 

Cada Operación que realiza Camila Valenzuela von Appen representa si se quiere una mirada perpleja de un mundo convulsionado, en el cual, el deseo se hace patente como un velo  que tamiza cada escena recortada, cada imagen apropiada. Cada una de estas obras quiere a su vez mostrar sus secretos, fijar en nuestra pupila un instante de mundo y de la vita activa, eso que sucede y que pulsiona la realidad hasta convertirla - transformarla y que en esta serie de obras se nos da con la intención de fijar un objeto con su distancia histórica y lo que produjeron estas imágenes en lo humano. Esta mirada en sí misma es un desgarro, un acto poético por medio del cual se trata de acceder a un momento de shock social, el cual somos incapaces de entender y es ahí donde esta mirada convulsa cobra su mayor poder y su eficacia pictórica. Un giro para entender qué son estas imágenes, cuál es su afectación. Recordemos pues que la memoria se auto configura en función de nuestros códigos sociales, para bien y para mal, así mismo en esto se pudiera buscar o tratar de buscar en las profundidades del sueño y la memoria (Traumdeutung) el efecto mitigante de esto que acontece en la vida política y activa. Estas imágenes son esto, la misma herida, la llaga, ese desgarro y nuestro propio rostro mirando en el espejo de la vida social.

Entrevista:


1.         ¿Cómo surge la idea, o la necesidad, de vincular el arte con la política?

 

Nací y viví en Concepción hasta los 15 años, en el contexto de una familia de clase media. Por temas de trabajo mis padres debieron trasladarse a Santiago, y al llegar a vivir allá, comienzo a notar de manera más evidente las diferencias sociales que hasta ese momento de mi vida habían sido inadvertidas, y también de que mi situación era relativamente privilegiada, en especial cuando me toca, aun siendo estudiante, el movimiento pingüino del 2006. Sumado a este hecho, pasé gran parte de mi vida escuchando historias que distaban enormemente de los contenidos que me entregaban en el colegio. Mi padre, sin pertenecer a ningún partido político pero sí a una familia muy católica, eligió vivir parte de su juventud junto a los llamados curas obreros, curas que se establecieron y trabajaron en una de las poblaciones más complejas de Santiago, y quienes le otorgaron en varias ocasiones, más de alguna misión para poder salvar gente durante la dictadura, jugándose en ello su propia vida. Estas historias, que aparecían en conversaciones entre amigos de esa generación, como hazañas que hoy rememoran en sus encuentros casi con alegría de haber salido invictos (no todos), se quedaron en mí, principalmente, como un ejemplo de consecuencia. Entonces, cuando en el 2011 reaparecen y esta vez con más fuerza, las demandas estudiantiles, creo que mi reacción es casi automática al querer ser parte de este movimiento. En ese momento me encontraba en la universidad y no lograba ver otra posibilidad más que relatar en mi trabajo lo que se estaba viviendo a nivel colectivo.

 

Siento la necesidad de la política en mi pintura porque la entiendo desde lo más noble y alejado de conceptos partidistas: la política es necesaria para determinar qué tipo de vida queremos, nos guste o no es transversal en la vida de todas las personas.


 

2.       Siendo tu foco de trabajo el problema político, cómo crees que, desde el arte, se formula una hipótesis o una respuesta ante esa crisis de representatividad que está fuertemente presente en tus dos trípticos de la serie Fahrenheit (2018)?

 

Un cuestionamiento constante para mí tiene que ver con las posibles maneras de comenzar el proceso de una pintura. A diferencia de otras series, en las que las figuras o lo representativo forman parte del problema inicial de la obra, Fahrenheit surge completamente desde la pura idea de una sensación. Se puede hablar de muchas razones que llevaron al contexto político en ese momento, pero lo cierto, es que en el 2018 teníamos nuevamente un gobierno de derecha después de la vuelta a la democracia, y mi sensación era la de un fuerte retroceso en cuanto a los pocos avances logrados en los gobiernos anteriores. Mi país reafirmaba una ideología imperante que era en parte el mismo origen de sus problemas. Influenciada además por la novela de Ray Bradbury, podría decir que la serie Fahrenheit ha sido el trabajo donde he dado más espacio a una expresión visceral y menos a una idea conceptual de la obra. Sentía que se destruía, que se quemaba lo avanzado y no dejaba de percibir esta sensación en el ambiente cotidiano. Luego incorporó una figura sobre este escenario expresivo, el dólar, que aparece para tensionar la atmósfera pictórica, pero que también se asocia a más de alguna pregunta en mi cabeza: ¿Cuánto poder de decisión tenemos la mayoría de los chilenos en torno a nuestra economía?¿podemos los artistas referirnos a la economía sin ser economistas?

 

Quería que la sensación de fuego generada en el primer tríptico tomará una nueva forma en el segundo, a través de manchas y veladuras, blancas y grises, que en mi imaginario se vinculan al concepto del humo o de un ambiente de neblina: esto me llevaba a la idea de un escenario difuso, de incertidumbre, a la pregunta constante sobre qué es lo que viene después de una crisis.


 

3.         ¿Consideras que los elementos metafóricos e irónicos presentes en tus obras, constituyen los ejes centrales dentro de tu proceso de creación artística?

Sin duda la metáfora e ironía son algunas de las principales estrategias presentes en mi pintura. Por ejemplo, en uno de los cuadros del primer tríptico de la serie Fahrenheit, en una de las imágenes de los billetes, quería que apareciera de frente al espectador el rostro de Benjamin Franklin, como si este lo interpelara segundos antes de consumirse por el fuego. El perro presente en el segundo tríptico es una cita a una figura que se usó tradicionalmente en la Historia de la pintura como símbolo de fidelidad hacia sus dueños, que normalmente lo acompañaban en la escena. Pero en este caso también se usa de manera irónica porque el único dueño posible (la única otra figura) es un personaje de traje que corre y casi desaparece del cuadro. Otro personaje presente en este tríptico va también de traje y avanza dando la espalda, además quería que simulara la intención de llevar en su brazo las mismas manchas de esa atmósfera de blanco presente en todo el lienzo, como si estuviera tratando de llevarse las propias manchas de pintura. Esta idea la asociaba, primero a lo que pudiera ser la anécdota de la famosa frase “vender humo”, y segundo, a esa actitud sin límites de apropiación de elementos que hasta hace poco podíamos considerar inapropiables, tal como es el caso de Chile con la venta de derechos del agua, hecho en el que hemos sido pioneros mundialmente.  

 

Me gusta pintar estas situaciones metafóricas, que en una serie como Fahrenheit se transforman en una especie de alegoría, porque siento que me abren la posibilidad de insinuar temas por medio de elementos simples, como también me interesa que dentro de estas escenas el mismo acrílico tome protagonismo como lo que es, como pintura. La ironía es un recurso que uso porque siento que me da un poder que no tengo en la vida real, pero sí en la imagen, la capacidad de crear escenas que generan tensión, como una contrarespuesta personal a un contexto en que, como ciudadana, sientes que no tienes muchas otras herramientas más que la pintura.

4.         La historia se repite, o la historia es cíclica. ¿Consideras, en ese sentido, que la persistencia y “vigencia” de tu trabajo reposa en la sensación de que, a futuro, sea resignificada o re-presentada frente a los problemas políticos que puedan surgir en el futuro?

 

A veces me cuesta creer que la pintura pueda llegar a ser un factor de cambios o generador de una conciencia que llegue a un nivel en que sea considerada en función de grandes decisiones, ya que por más constancia que nos haya dejado la Historia del Arte, pareciera que hemos aprendido poco o nada, justamente por lo cíclico de la Historia. Por otro lado también existe siempre la posibilidad de que la imagen no se lea de la forma en que uno espera: creo que una pintura se vuelve más interesante a medida que resuelve menos problemas y genera más preguntas que respuestas, y es por lo mismo que las interpretaciones que para una serían lógicas, para otros podrían ser entendidas de manera completamente opuesta. Aun así, aunque los hechos se repitan, es claro que también existen características propias del momento en que vivimos, y esos cambios también se ven reflejados en las maneras en que se adapta la pintura. Eso me hace pensar que hay una esencia en la producción de obra que estará presente, y que más que un factor que influya a futuro, tiene la función más que suficiente de ser testigo de una época. Dicho esto, y a pesar de todo, sí me gusta pensar que las imágenes que pinto pudieran llegar a ser una especie de advertencia para futuros espectadores.

 

Camila Valenzuela von Appen 

Junio de 2022

Entrevista

Daniela Bahamonde Bittelman

Para la serie Diálogos
Introducción
Francisco Javier Paredes