Exposición

A FALTA DE NOMBRES SAGRADOS

A FALTA DE NOMBRES SAGRADOS

Artiom Mamlai

GALERÍA BARRIOS BAJOS

Pérez Rosales 986

Barrios Bajos – Valdivia

Región de Los Ríos, Chile

 

galeriabarriosbajos@gmail.com

Tel. +569 6193 6695 / +569 9854 3716

 

La obra “A falta de nombres sagrados” (2018) corresponde a un segundo movimiento de una trilogía, elaborada a lo largo de un proceso que ha tenido un tiempo laxo. Se inscribe en un despliegue opuesto a la obra que le precede, “Contrato social” (2016). Si bien, en ambas la materialidad y el soporte es pino oregón, el tratamiento varía, así también la articulación del lenguaje artístico con el que se reflexiona sobre una serie de problemas. En “Contrato social”, la obra era un objeto: consistía en un tronco seccionado, reconstruido y secuenciado en su eje. Se cortó en piezas, pero éstas se presentaron sin separarlas completamente. El cuerpo fue rodeado del excedente de material, producto de su propio proceso de corte (la viruta que arrojó la motosierra). Es decir, este primer trabajo funcionó al modo de una operación alegórica de la fragmentación y reordenamiento de un cuerpo. Simbólicamente, se quiso aludir a la estructura social de Valdivia, a su desfondamiento socio/económico, como consecuencia de la instalación de un modelo extractivista vinculado al monocultivo.

En “A falta de nombres sagrados” el tratamiento cobra un nuevo sentido. En la obra se usaron rodajas de madera; originalmente eran 50, pero terminaron siendo 48 (una no se utilizó y otra me la robaron). Cada una de las rodajas tiene dos pulgadas de espesor y fueron extraídas del mismo tronco. Con esta nueva forma del material se quiso conseguir un desplazamiento: pasar del cuerpo unitario, a un cuerpo repartido. Galería Barrios Bajos resultó ser un lugar apropiado para este cambio; su condición de ex casa es indicio del destino de la habitabilidad en nuestra ciudad. La CASA se encuentra vaciada, no se habita, ni congrega en un sentido tradicional. Más bien estamos ante un espacio de reunión particular. Como suele ocurrir en una galería, los asistentes son convocados en torno a un culto, en el cual el carácter exhibitivo de las obras es fundamental. Esta aparente contradicción es propicia para pensar, al menos barruntar, la (im) posibilidad misma de la re-unión.

La forma de abordar dicha problemática hace suya la idea de que “habitamos en el lenguaje y a partir de él”*; por eso, la obra busca plegarse a la tarea de “(so)portar la dimensión del sentido como espacio de habitabilidad”. Pensar la (im)posibilidad de ser habitantes de un lugar o del lugar del habitante es la tesitura de este trabajo. Su nudo central es la dispersión como fuerza de un sistema de flujos e intercambios que no permite ni los despojos ni la ruina de lo que alguna vez convocó. Lo hace queriendo suspender ese flujo e intercambios como lugar de reunión y sentido (de allí la elevación de las rodajas y su disposición análoga a relojes estáticos).

 La sensación de vivir en medio de la falta de nombres comunes, para nosotros y nuestro tiempo, ha adquirido cierto grado de evidencia; signos cotidianos parecen acrecentar esta conjetura. Así, la noción “sagrados” ocupa una posición relevante en el título de la obra, pues con ella se reclama paradójicamente el silencio. Dicha alusión hace comparecer la ruina lustrosa de la imposibilidad de habitar juntos. Tal vez allí, desde la retirada total de la partida, pueda emerger un devenir que dialoga entre la trascendencia y lo inmemorial.

 

 

*Oyarzún, Pablo. “Baudelaire: o el destino del poema moderno”

** Idem.

Credits

Galería Barrios Bajos